Luxación de hombro: qué debes saber

por | Dic 5, 2025

El hombro es una de las articulaciones más móviles y complejas del cuerpo humano, lo que también lo hace vulnerable a lesiones como la luxación. Este tipo de lesión puede ser dolorosa y limitar considerablemente la funcionalidad del brazo, afectando la vida diaria y la práctica deportiva.

Qué es una luxación de hombro

Una luxación de hombro ocurre cuando la cabeza del húmero se sale completamente de la cavidad glenoidea de la escápula. Esto significa que la articulación pierde su alineación normal, causando dolor intenso y limitación del movimiento. Es una lesión grave que requiere atención médica inmediata para evitar daños mayores.

El hombro es una articulación de tipo enartrosis, diseñada para ofrecer un amplio rango de movimiento. Esta movilidad hace que la estabilidad dependa en gran medida de los músculos, ligamentos y el labrum, estructuras que pueden dañarse durante una luxación.

Diferencias entre luxación y subluxación

La diferencia principal entre luxación y subluxación radica en el grado de desplazamiento de la articulación. En la luxación, la cabeza del húmero se desplaza completamente fuera de la cavidad glenoidea, mientras que en la subluxación, el desplazamiento es parcial o temporal.

La subluxación puede ocurrir de forma repetida en personas con inestabilidad articular, causando molestias y sensación de que el hombro “se sale” momentáneamente. Aunque menos grave que una luxación completa, la subluxación también requiere atención para evitar daños progresivos.

Causas más frecuentes de la luxación de hombro

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Las luxaciones de hombro suelen ser consecuencia de traumatismos directos o movimientos bruscos que fuerzan la articulación más allá de su rango natural. Caídas con el brazo extendido, golpes directos en el hombro o movimientos de torsión violentos son causas comunes.

Además, la debilidad muscular o lesiones previas pueden predisponer a sufrir una luxación. En personas con antecedentes de luxaciones, la probabilidad de recurrencia aumenta considerablemente, debido a que los tejidos estabilizadores pueden quedar dañados.

Deportes y movimientos que aumentan el riesgo

Los deportes de contacto, como el rugby, el fútbol americano o el baloncesto, presentan un alto riesgo de luxación de hombro debido a los impactos y caídas frecuentes. También las actividades que implican movimientos repetitivos por encima de la cabeza, como el voleibol o la natación, pueden favorecer la inestabilidad articular.

Movimientos bruscos y caídas durante el ciclismo o el esquí también son factores comunes. Por eso, es importante que los deportistas cuenten con un buen acondicionamiento físico y técnicas adecuadas para minimizar riesgos.

Síntomas y cómo identificar una luxación

El síntoma más evidente de una luxación de hombro es un dolor intenso e inmediato tras el traumatismo. La persona afectada suele presentar una deformidad visible, con el brazo en una posición anormal y dificultad para moverlo.

Además del dolor y la deformidad, es común experimentar sensación de hormigueo o entumecimiento debido a la posible afectación de nervios cercanos. La inflamación y el hematoma pueden aparecer en las horas siguientes al accidente.

Dolor, deformidad y pérdida de movilidad

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El dolor suele ser agudo y empeora con cualquier intento de movimiento. La deformidad puede manifestarse como una protuberancia en la parte frontal o posterior del hombro, dependiendo del tipo de luxación.

La pérdida de movilidad es casi total, ya que el cuerpo intenta proteger la articulación lesionada. En algunos casos, la persona puede sentir que el hombro está “flojo” o inestable, especialmente si ha sufrido luxaciones previas.

Diagnóstico y pruebas médicas necesarias

Para confirmar una luxación de hombro, el médico realiza una exploración física detallada, evaluando la posición del brazo, la deformidad y la movilidad. Es fundamental descartar lesiones asociadas en nervios y vasos sanguíneos.

Las pruebas de imagen son esenciales. La radiografía es la primera herramienta para visualizar el desplazamiento óseo y descartar fracturas. En casos complejos o para evaluar daños en tejidos blandos, se puede solicitar una resonancia magnética.

Radiografía, resonancia y exploración física

La radiografía permite identificar el tipo de luxación (anterior, posterior o inferior) y la presencia de fracturas. La resonancia magnética ofrece información detallada sobre el estado de los ligamentos, tendones y el labrum, crucial para planificar el tratamiento.

La exploración física también incluye pruebas de estabilidad y evaluación neurológica para detectar cualquier compromiso nervioso. Esta combinación de métodos asegura un diagnóstico completo y preciso.

Tratamiento fisioterapéutico tras una luxación de hombro

Una vez reducida la luxación, el tratamiento fisioterapéutico es clave para recuperar la función y prevenir nuevas lesiones. Inicialmente, se trabaja para controlar el dolor y la inflamación mediante técnicas específicas y electroterapia.

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Posteriormente, se inicia un programa de ejercicios progresivos para restaurar la movilidad y fortalecer los músculos estabilizadores del hombro. La fisioterapia también incluye educación postural y estrategias para evitar movimientos que puedan provocar una nueva luxación.

Fases de recuperación y ejercicios de rehabilitación

La recuperación se divide en varias fases. En la fase aguda, el objetivo es reducir el dolor y proteger la articulación. En la fase intermedia, se recupera la movilidad articular mediante ejercicios de rehabilitación pasivos y activos asistidos.

Finalmente, en la fase avanzada, se incorporan ejercicios de fortalecimiento muscular y propiocepción para mejorar el control del movimiento. Es fundamental realizar estos ejercicios bajo supervisión profesional para evitar recaídas.

Prevención de nuevas luxaciones

Prevenir nuevas luxaciones implica un enfoque integral que incluye fortalecimiento muscular, control neuromuscular y modificaciones en la actividad física. Evitar movimientos bruscos y posiciones de riesgo es fundamental.

El uso de vendajes funcionales o dispositivos de soporte puede ser útil en deportistas o personas con inestabilidad crónica. Además, mantener una buena condición física general contribuye a la estabilidad articular y reduce el riesgo de lesiones.

Fortalecimiento muscular y control del movimiento

El fortalecimiento de los músculos del manguito rotador y la escápula es esencial para estabilizar el hombro. Ejercicios específicos que trabajan la resistencia y la coordinación mejoran la capacidad de la articulación para soportar cargas y movimientos complejos.

El control del movimiento, a través de la propiocepción y la reeducación neuromuscular, ayuda a prevenir movimientos inadecuados que puedan provocar una luxación. La constancia en el entrenamiento y la supervisión profesional son claves para el éxito.

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