Cervicalgia: qué debes saber

por | Ene 15, 2026

El dolor en la zona del cuello es una de las molestias más comunes que afectan a personas de todas las edades. La cervicalgia, término médico que describe este dolor cervical, puede variar desde una leve incomodidad hasta un dolor intenso que limita la movilidad y afecta la calidad de vida.

Qué es la cervicalgia y por qué aparece

La cervicalgia se refiere al dolor localizado en la región cervical, es decir, en la parte superior de la columna vertebral que sostiene la cabeza. Este dolor puede originarse por múltiples razones, desde problemas musculares hasta alteraciones en las vértebras o discos intervertebrales.

El cuello es una zona muy móvil y sensible, y su estructura está compuesta por músculos, ligamentos, nervios y huesos que trabajan en conjunto para permitir movimientos como girar la cabeza o inclinarla. Cuando alguna de estas estructuras se ve afectada, aparece la cervicalgia. Las causas son tanto agudas, como un golpe o una mala postura puntual, como crónicas, derivadas de hábitos o condiciones degenerativas.

Causas más frecuentes: tensión muscular, mala postura y estrés

Entre las causas más comunes de la cervicalgia destacan la tensión muscular, la mala postura y el estrés. La tensión muscular suele ser resultado de un esfuerzo excesivo o prolongado, como mantener la cabeza inclinada hacia adelante durante horas frente a una pantalla o cargar objetos pesados de forma incorrecta.

La mala postura, especialmente en entornos laborales donde se permanece sentado mucho tiempo, contribuye a la sobrecarga de los músculos cervicales y puede desencadenar dolor. Por otro lado, el estrés emocional también juega un papel importante, ya que genera una contracción constante de los músculos del cuello y los hombros, aumentando la sensación de rigidez y dolor.

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Síntomas característicos y señales de alarma

El síntoma principal de la cervicalgia es el dolor en la zona del cuello, que puede irradiar hacia los hombros, la parte superior de la espalda e incluso los brazos. Este dolor se presenta de forma constante o intermitente, y suele empeorar con ciertos movimientos o posturas.

Además del dolor, es común experimentar rigidez que limita la movilidad, sensación de hormigueo o adormecimiento en las extremidades, y en algunos casos, dolores de cabeza. Es importante estar atento a señales de alarma como pérdida de fuerza en los brazos, dificultad para controlar esfínteres o dolor muy intenso que no mejora con el reposo, ya que pueden indicar problemas más graves que requieren atención médica urgente.

Dolor cervical, rigidez y limitación de movimiento

La combinación de dolor cervical, rigidez y limitación de movimiento es una de las manifestaciones más molestas de la cervicalgia. La rigidez se debe a la contractura de los músculos y ligamentos que rodean la columna cervical, dificultando movimientos simples como girar la cabeza o inclinarla hacia los lados.

Esta limitación afecta actividades cotidianas como conducir, trabajar frente al ordenador o incluso dormir. En casos severos, la movilidad reducida provoca compensaciones en otras zonas del cuerpo, generando dolores secundarios en la espalda o los hombros. Por eso, es fundamental abordar estos síntomas a tiempo para evitar que se cronifiquen.

Diagnóstico y valoración fisioterapéutica

El diagnóstico de la cervicalgia comienza con una evaluación clínica detallada, donde el fisioterapeuta o médico recopila información sobre la historia del dolor, sus características y factores que lo agravan o alivian. Esta valoración permite identificar la posible causa y planificar un tratamiento adecuado.

La valoración fisioterapéutica es clave para determinar el estado funcional del cuello y detectar alteraciones musculares o posturales. A través de diversas pruebas, el especialista establece un diagnóstico preciso y diseña un programa personalizado que facilita la recuperación y previene futuras recaídas.

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Exploración física, tests funcionales y pruebas de imagen

Durante la exploración física, se evalúan aspectos como la movilidad cervical, la fuerza muscular, la sensibilidad y la presencia de puntos dolorosos o contracturas. Los tests funcionales miden el rango de movimiento y detectan posibles limitaciones o desequilibrios musculares.

En algunos casos, el médico solicita pruebas de imagen como radiografías, resonancia magnética o tomografías para descartar lesiones estructurales, hernias discales o enfermedades degenerativas que causan el dolor cervical. Estas pruebas complementan la evaluación y ayudan a definir el mejor abordaje terapéutico.

Tratamiento de la cervicalgia

El tratamiento de la cervicalgia depende de la causa y la gravedad del dolor, pero generalmente combina varias estrategias para aliviar los síntomas y mejorar la función del cuello. Es fundamental actuar de manera temprana para evitar que el dolor se vuelva crónico.

El abordaje incluye medidas conservadoras como reposo relativo y aplicación de calor, hasta intervenciones más específicas como fisioterapia, medicación o, en casos excepcionales, cirugía. La clave está en personalizar el tratamiento y mantener un seguimiento constante para adaptar las terapias según la evolución del paciente.

Terapias manuales, ejercicios terapéuticos y corrección postural

Las terapias manuales son una de las herramientas más efectivas para tratar la cervicalgia. Técnicas como el masaje, la movilización articular y la liberación miofascial ayudan a reducir la tensión muscular, mejorar la circulación y aumentar la movilidad cervical.

Los ejercicios terapéuticos también juegan un papel fundamental. Estos incluyen estiramientos para aliviar la rigidez y fortalecimiento muscular para mejorar la estabilidad y soporte del cuello. Además, la corrección postural es esencial para evitar la sobrecarga y prevenir recaídas, enseñando al paciente a mantener una postura adecuada en sus actividades diarias.

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Prevención y hábitos saludables

Prevenir la cervicalgia es posible adoptando hábitos saludables que protegen la salud del cuello. Mantener una buena postura, evitar posiciones prolongadas que tensionan la zona cervical y realizar pausas activas durante el trabajo son medidas básicas pero efectivas.

Incorporar ejercicios de fortalecimiento y estiramientos en la rutina diaria también contribuye a mantener la musculatura flexible y resistente. Además, controlar el estrés mediante relajación disminuye la tensión muscular y reduce el riesgo de dolor cervical.

Ergonomía, fortalecimiento y estiramientos diarios

La ergonomía en el lugar de trabajo y en el hogar es clave para prevenir la cervicalgia. Ajustar la altura de la pantalla del ordenador, usar sillas con buen soporte lumbar y cervical, y colocar el teclado y ratón a una altura adecuada ayuda a mantener una postura correcta.

El fortalecimiento de los músculos del cuello y la espalda, junto con estiramientos específicos, forman parte de la rutina diaria. Estos ejercicios mejoran la resistencia muscular y la flexibilidad, disminuyendo la probabilidad de sufrir dolor cervical. Consultar con un fisioterapeuta puede ser útil para aprender las técnicas correctas y evitar lesiones.

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