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Miercoles, 23 de mayo del 2018.

La ciática o ciatalgia realmente es un síntoma o conjunto de síntomas que pueden incluir dolor debilidad, hormigueo o entumecimiento de la pierna afecta. Se debe a la compresión o al atrapamiento del nervio ciático en algún punto de su recorrido. Este nervio recorre toda la pierna desde la zona lumbar y sacra (raíces de L4 a S2) inervando principalmente toda la zona posterior  y parte del pie. La lesión del nervio puede producirse por diversos motivos siendo los más comunes:



- Herniaciones en discos próximos a algunas de las raíces que forman el nervio.
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- Síndrome del piramidal, es decir, compresión del nervio a su paso entre las fibras de dicho músculo.

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- Fracturas del anillo pélvico.

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- Estenosis o estrechamiento de los canales a través de los cuales salen los nervios a nivel de la columna.

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- Tumoraciones que puedan comprimir el nervio en alguna parte de su recorrido.

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Los síntomas principales son los ya comentados pero estos pueden variar o acentuarse en distintas zonas dependiendo del nivel de compresión, el tiempo que lleve afectado y la zona afecta. En ocasiones se puede llegar a tener debilidad e inestabilidad en la pierna afectada, dificultad para agacharse o flexionar la rodilla y perdida de sensibilidad en los territorios que inerva el ciático. Además puede empeorar con la posición, al caminar o en maniobras determinadas o esfuerzos. Lo más común es que se presente en una sola pierna pero en ocasiones pueden ser las dos piernas las afectadas (indicativo de que la compresión se está produciendo en la columna).



Los nervios poseen cierta elasticidad y resistencia a la compresión pero muy limitada. A veces los síntomas se presentan de manera repentina pero tras un periodo asintomático donde el nervio ya estaba sufriendo tensiones, sobre todo cuando los atrapamientos son periféricos.



Los varones de entre 30 y 50 años son la población que más sufre este tipo de patología, si bien se presenta también comúnmente en embarazadas (en los dos últimos trimestres sobre todo) y en personas sedentarias o con sobrepeso y obesidad.



Cuando los síntomas se presentan de manera muy aguda o persisten durante más de una semana o 10 días se recomienda acudir a un profesional de la salud que evalúe el problema, ya sea tu médico (de familia o traumatólogo) o tu fisioterapeuta.



El trabajo de Fisioterapia consiste en liberar la tensión y zonas de atrapamiento del nervio en todo su recorrido, previo diagnóstico diferencial y evaluación de las zonas de conflicto. Esto puede llevarse a cabo a través de técnicas de masaje, movilizaciones articulares y neuromeningeas, así como otros métodos que permitan normalizar el estado de las estructuras que están afectando al nervio.



En la mayoría de los casos no es un patología grave que deba dejar secuelas pero para ello es necesario un diagnostico precoz y un tratamiento bien enfocado que, en ocasiones, puede implicar cambios en los hábitos de vida hacia otros más saludables.


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